[11-Jan-2018 06:11:03 America/Denver] PHP Fatal error: Call to undefined function add_action() in /home/tipermx/public_html/wp-content/themes/newsmagazine/fw/widgets/recent_reviews.php on line 5 Kintsugi: las cuarteaduras también son historia ~ Tiper

Kintsugi (金継ぎ?) quiere decir, en japonés, “carpintería de oro”. Es una técnica artesanal para reparar las cuarteaduras de la cerámica mediante la aplicación de una mezcla hecha con un barniz de resina y polvo de oro, aunque también hay ocasiones en los que se usa polvos de plata o de platino.

Imagina un cuenco para té, de color verde tenue, que se cuarteó al golpearse contra una mesa. Bueno, un artesano del kintsugi hará la mezcla descrita y con ella cubrirá esa cuarteadura, finamente, de tal manera que al tacto no sientas el cambio en la superficie pero que a primera vista veas cómo ahora ese cuenco es atravesado por un trazo heptiforme y dorado.

Porque en el kintsugi  es importante que la reparación sea visible, pues su filosofía es que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

La ancestral técnica japonesa ha llegado a convertirse en un arte, cuando se hace por manos expertas. De ahí que haya piezas reparadas bajo esta práctica que resultan más caras que una original intacta, ya no se diga que una nueva.

A través de los siglos, el método de restauración pasó a otros pueblos asiáticos, de tal manera que puedes encontrarlo también en las cerámicas de Corea, China y Vietnam.

Aquí vale la pena hacer un alto: no solo propone el principio de reutilización y aprovechamiento, pilar de la sustentabilidad ambiental, sino que habla de las “heridas y cicatrización” de los objetos, como parte de la historia que van contando.

Tan contrario a la idea actual -patrocinada por el hiperconsumismo- de usar y tirar. Pero tan opuesto también a la idea que trasciende hasta las relaciones humanas: “Cuando la confianza se rompe, jamás se puede volver a reparar”. Y ahí vamos por la vida, entre rupturas y platos desechables.

Con kintsugi podemos permitirnos la reparación -de la amistad, o del propio corazón sentimental- sin pretender que nunca ocurrió. Sino que la herida sea una cicatriz que forma parte del todo, que lo convierte en alguien único y peculiar, y que cuenta una historia que embellece a quien la porta.

No son pocos los que ya hablan del kintsugi del alma. Solo que en el campo de la psicología le llaman resiliencia.  Lo dicho: esta técnica nos habla de la recuperación en el plano físico y más allá.

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